El fin del mundo ha durado demasiado y ya no tengo ganas de desesperarme

Huellas de hombres de Humo                                                               

Todo empieza por el final
como una maldición
los escombros del pasado
son a su vez hueso para cimiento
   la dureza de lo que muere
solo es un pretexto para la fuga
No hay huella que no borre el viento
No hay viento sin sol
No hay fuego sin fuego
                 y el reinicio del ciclo
solo es un átomo rebelde
o quizás un dios distante
al que Todo ya le da igual

 

Los siervos de la desesperación

La cuna del profeta aprende a recibir
toda la suerte de lo que se ve y no se entiende
la patada del insomnio

El sueño del profeta huye de los abismos
porque su trabajo es traducir el vacío
mientras él mismo hace de puente
con sus espaldas

El despertar del profeta 
                                    Es el cansancio de su tiempo
su visión es la niebla por la sangre
Y aun así desfallece empañado
entre la revelación y la locura

No es tan perro ser domingo

Me he levanto demasiado tarde como para que existan
las ganas correctas para poner en orden el cuarto
(La gata ha lamido mi oreja y ese es suficiente afecto
para salir a buscar su comida)
Tengo que vender recortes de crucigramas y fotos de famosos
que saco de una prensa amarillista cuya redacción no es mejor
a la de esas tareas escolares que hice con tanto desgano
               pero hay que buscarse el pan…
Las filas tienen esa facultad del fastidio 
que mucha gente no se preocupa por el uso del desodorante
ni por el cansancio acumulado que les adorna las ojeras
con lagañas

Lo peor quizás sea ese instinto traidor que hace
torcer el cuello como si uno fuese manejado por un
hábil titiritero localizador de carne

Lo peor quizás sea
verse corrompido por la blusa que transparenta
los pezones frutales de una muchacha de quince
Y lo mejor

que puede hacerse
quizás
es marcharse apenas con la derrota de la erección
sin haber comprado nada