Sombra

Necesito tu corazón felino
como complemento
de las noches en vela

necesito tu vibrar nocturno:
noche encerrada
de ternura y esperanza

te espero en el reflejo
de los susurros en garras
cuando haces herida
a la soledad

para hacer valía
a tu nombre
Sombra

Cristian Felipe Leyva Meneses, Enero de 2022
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La pequeña inconforme

Habíamos conducido durante muchas horas, estábamos cansados, con las nalgas entumecidas y bañados por el sudor que produce el aire caliente que siempre se respira en el Valle del Cauca. Pero al fin lo logramos, la plaza de Bolívar de la Unión nos recibió con un grato interés. Las personas comenzaron a acercarse a nuestra biblioteca móvil. Conversamos con algunos de ellos durante largo rato mientras otro compañero preparaba las sillas y mesas armables para el taller infantil que dictaríamos. Se respiraba tranquilidad, optimismo, las personas nos contaban sobre sus aficiones con una complicidad entrañable, casi como si hubieran sido nuestros vecinos de toda la vida. A partir de la charla, comenzamos a recomendar algunos libros, las personas se alegraban de que nos tomáramos el tiempo para explicar el porqué de nuestras sugerencias.

—Para usted, Doña Irma, una colección de recetas indígenas. Para Don Darío que gusta tanto de los temas de historia y mecánica, este compendio sobre aviones de la segunda guerra mundial. Para el señor Rogelio, que quiere ser un galán, le recomendamos esta novela de pasión y erotismo. Para la joven Estefanía, por gustar de las sagas de terror fantástico, le prestaremos esta antología de cuentos sobre vampiros…

Los gracias y que mi dios le pague se confundieron entre sonrisas y algunos abrazos cómplices. En un momento dado, antes de empezar el taller, se me acerca una pequeña niña, tendría unos ocho o nueve años a lo sumo.

—Profe… profe —dijo, con ese tono ansioso que emplean los chiquitos cuando quiere decir algo y les ganan las ganas de decirlo—, este libro está diciendo mentiras, profe, mire usted qué mentira tan grande.

—¿Mentiras? —pregunté—, ¿cómo es eso, en dónde viste esa mentira de la que me hablas?

—Acá… mire, mire.

Puso su dedo sobre la página de libro de viajes que tenía la foto del monte Everest cuyo comentario era “Desde aquí se observan los paisajes más bellos del mundo”, lo vi, y luego la miré a ella, extrañado.

—¿Dónde está la mentira, pequeña?

—Venga, profe, párese en esta banquita, se empina y verás, que eso que dice el libro es pura mentira.

Así lo hice. Por encima de los techos de las casas, alcancé a divisar la extensión del Valle del Cauca, las planicies frondosas, el río serpenteante, los extensos viñedos, los pueblos cercanos y sus escalas de color, ese trozo de mundo que era besado por los rayos de sol en un tránsito armonioso, vital y cálido. Conmovido, guardé silencio durante un instante.

—Si ves, profe, si ves, aquí tenemos los paisajes más bonitos del mundo, acá en el Valle, y no en esas montañas de la China como dice ese libro…

—Tienes toda la razón, pequeña niña, tienes toda la razón —dije.